SIEMPRE QUISE ESTUDIAR PSICOLOGÍA

03/05/2015 adminfocus

Cinco y veintitrés de la tarde. Pausa de café en evento de Desarrollo de Personas en el centro de la ciudad.

Es el séptimo minuto de conversación con un conocido del sector y en un contexto como éste se suelen hacer preguntas que el contexto más formal no permite hacer.

  • “Me comentaron lo bien que fue el curso el martes pasado.”
  • “¿Sí? ¿Y qué te contaron? … mejor sólo cuéntame si es bueno …”
  • “Pues sí, hablé con 3 asistentes y me dijeron que habían tomado nota de 3 aspectos de su labor como Mando, en los que veían que podían mejorar y que además se llevaban metodologías para impulsar esas mejoras”.
  • “Me haces muy feliz, comentarios como éste son los que más te animan.”
  • “Es muy bonita vuestra profesión… ¿tú qué estudiaste?”
  • “Psicología”
  • “Mmmmm … Siempre quise estudiar Psicología; ¿vosotros sí que sabéis cómo clasificar a las personas, no?”

La verdad es que siempre que he escuchado algo similar de alguien me ha venido a la cabeza el nombre de Jorge Wukmir (Vladimir Velmar-Janković), serbio de nacimiento e hijo adoptivo de Barcelona durante unos 30 años, hasta que falleció en 1976.

Su nombre, ni mucho menos fue de un hit en los años de carrera, como sí lo fue Pavlov o Freud, pero su enfoque, marcadamente humanista fue, el que me más cautivó de tantos cuantos escuché… y eso a pesar de que más que ser un enfoque Psicológico, Wukmir afirmaba la naturaleza biológica de todo lo humano. En su libro "Emoción y Sufrimiento”, publicado en 1969, Wukmir inició el camino para el desarrollo de la Psicología como una ciencia biológica con la Psicología de Orientación Vital (Orexis), que se sustentaba en 3 pilares fundamentales.

Según el primer pilar, los seres vivos, como seres celulares, estamos programados para “perseguir” la vida y “escapar” de todo aquello que suponga enfermedad o muerte. El segundo pilar consiste en que el Sufrimiento (Patior) va de serie con la vida, puesto que la supervivencia conlleva una inevitable lucha. El tercer pilar viene a resaltar que, dado que la realidad no puede alinear los intereses “ni del todo, ni de todos”, sufrimos determinadas tensiones que debemos resolver para mantener la forma u orden.

Pero, ¿cómo vamos a estar sufriendo?, ¿siempre?, ¿cómo se valora el Sufrimiento?

Todos hemos leído en algún lugar que interactuamos con nuestro entorno a través un Ciclo que se inicia con la Percepción de los estímulos, que continua con la Valoración de la Emoción y que finaliza con la Actuación (o con la decisión de no actuar).

En cada instante de vida experimentamos algún tipo de emoción. Nuestro estado emocional varía a lo largo del día en función de lo que nos ocurre y de los estímulos que percibimos, lo expresemos o no mediante nuestra conducta. Sin embargo, un ser vivo necesita, además saber si lo que percibe y reconoce le favorable para su supervivencia o no... y aquí es donde entra en juego la valoración. Así pues, en el interactuar con nuestro entorno, la valoración cobra especial relevancia puesto que se encuentra entre la Emoción que nos generan los estímulos y cómo actuamos al respecto.

El sufrimiento que se origina por el hecho de vivir, puede soportarse sin que manifestemos signos de desorden. Sin embargo, ante determinadas situaciones o momentos de nuestra existencia, el sufrimiento puede llegar a tal grado que se vuelva insoportable y que, en lugar de servir como trampolín para reorientarse hacia la vida, genere una actuación sofisticada y lejos estar en harmonía con el entorno.

En estas circunstancias, la valoración que hacemos de la realidad sigue siendo clave, pues la emoción experimentada puede no corresponder a la realidad de la situación y producir graves perjuicios.

Algunas de las tradiciones psicológicas se han esmerado en trazar una raya entre lo que es “normal” y lo que es “anormal”. El empleo de las palabras “normal” y “anormal” es aquí relativo, ya que biológicamente no existe posibilidad de trazar esa división.

Ahí van algunas variantes clásicas, entendidas como “desorientaciones”, esto es que todos hemos estado y estaremos expuestos a ellas, sin por eso tener que ser llevadas al extremo del sufrimiento patológico.

  • ESQUIZOFRENIA (ESQUIZOREXIA/ “esquizo”=rajar): la valoración se escinde, de tal manera que la personas no sabe qué hacer con los estímulos y los comportamientos se vuelven aleatorios e imprevisibles.
  • MANÍA (KLONOREXIA / “klono”=agitación): se caracteriza por abreviar intencionalmente la valoración, para pasar a manifestar una euforia radical.
  • MELANCOLÍA (KLINOREXIA / “klino”=hacer inclinar): la valoración se amplía y sucumbe a lo negativo y abandonar el esfuerzo hacia la recuperación.
  • HISTERIA (KURTOREXIA / “kurtos”=curva, encorvar): evadirse del sufrimiento acumulado mostrándolo a los demás de una manera dramática, esperando comprensión.
  • OBSESIÓN (ANANKOREXIA / “ananké”=coacción): inventar “recetas mágicas” que se aplican porque se cree que liberarán del sufrimiento extremo.
  • PSICOPATÍA (ERIZOREXIAS / “erizo”=estar en conflicto): equilibrar la valoración sobre el propio sufrimiento, infringiendo más sufrimiento a los demás.
  • DELINCUENCIA (EKTROREXIA / “ektros”=enemigo): huir del propio sufrimiento a través de la lucha contra las normas del entorno.
  • PARANOIA (HYBROREXIA / “hybris”=soberbia): disimular una valoración negativa o de inferioridad sobre uno mismo sobrevalorándose.

A diferencia de la Esquizofrenia, todos nos hemos “desorientado” en alguno de los otros sentidos.

¿Nos son familiares frases como “a  vivir que son 2 días”, “cualquier tiempo pasado fue mejor”, “me merezco a alguien mejor”, etc?

¿Quién no ha tenido ganas alguna vez de hacer daño a alguien? … la facultad de Psicología está en nosotros y en cada segundo que vivimos.

David Beti Costa
Director Asociado en focus inside