LOS REYES MAGOS Y EL CAMBIO DE CREENCIAS

30/08/2015 adminfocus

No recuerdo exactamente el día en que dejé de creer en Los Reyes Magos. Tampoco sé exactamente cómo ocurrió. Sí que tengo vagos recuerdos, como por ejemplo aquella vez a los 4 años en que vi a mis padres llegar a casa con grandes bolsas pocos días antes del 6 de enero. Cuando les pregunté qué llevaban en ellas, me dijeron que comida y ropa. Aunque sabía que no era verdad una parte de mi no quiso seguir indagando.

Recuerdo  también un día en que un amigo del colegio nos dijo a todos los compañeros que jugábamos en el patio que los Reyes no existían y que eran los padres… recuerdo también cómo nos burlamos de él y le ignoramos muchos de nosotros.

Otro año, recuerdo aguantar varias horas despierto la noche de Reyes e irme levantando a hurtadillas para ver si “pillaba in fraganti” a mis padres poniendo regalos y golosinas debajo del árbol.

En un periodo de aproximadamente 7 años viví un proceso en el que cambió en mi una creencia. Simplificándolo un poco el proceso fue algo así:

1. “Los Reyes existen”

Durante un tiempo, para mi los Reyes Magos eran totalmente reales, existían sin lugar a dudas. Si alguien sugería lo contrario, lo podía incluso obviar, sin plantearme siquiera su postura.

2. “Los Reyes existen aunque hay cosas que no cuadran”

Hubo otro tiempo en el que yo comencé a tener algunas dudas, pero seguía creyendo (o queriendo creer) que existían, pero estaba más atento a algunas informaciones que podían contradecir mi creencia.

3. “Es casi seguro que los Reyes no existen”

En otro momento de este periodo casi estaba seguro de que los Reyes eran los padres, pero no podía saberlo al 100% porque ellos no lo reconocían y yo no tenía pruebas definitivas. Una parte de mi aún se aferraba a la idea de que existiesen.

4. “Los Reyes Magos no existen, son los padres”

Y llegó un momento en que, antes que mis padres lo reconocieran, yo lo sabía perfectamente. En mi caso, poco después de que lo tuviera claro, mis padres lo reconocieron.

Podemos imaginar “Los Reyes Magos existen”, o cualquier otra creencia,  como muro sólido y fuerte que sostiene algunos comportamientos de nuestra infancia (“me portaré bien para que me traigan muchas cosas”). Ese muro está expuesto a una gran cantidad de hechos que pueden reforzarlo (p.e. aparecen regalos mágicamente debajo del árbol) o pueden agrietarlo (p.e. un amigo en el cole que me dice que no existen), habitualmente estamos más receptivos a todo aquello que nos da la razón, es decir, que refuerza nuestra creencia.

Pero un día cualquiera puede llegar una información que genera una pequeña grieta en el muro de nuestra creencia (un comportamiento extraño de mis padres, por ejemplo). El muro sigue intacto, pero ahora tiene una grieta. A partir de ese momento suele ocurrir que estamos algo más abiertos a las informaciones que lo pueden agrietar aún más (p.e. estar pendiente de los padres los días previos al 5 de enero o mantenerse despierto la noche de Reyes). Cada cosa que observamos que contradice la creencia, hace la grieta del muro un poco más grande y, poco a poco, ese muro se va resquebrajando hasta tal punto que un día se desmorona “Los Reyes Magos no existen, son los padres”.

Una creencia es algo que yo doy por verdad absoluta. Dicho de otro modo, es algo que en mi comprensión de la realidad exterior (el mundo tal como yo lo veo) es totalmente cierto. Las creencias, en definitiva, son frases que tenemos grabadas dentro de nuestra mente y que nos condicionan a la hora de actuar. Cualquier frase que damos por cierta se puede considerar una creencia, por ejemplo:

 “Los de marketing no tienen ni idea de cómo vender nada en la calle”

“En esta empresa no sabemos negociar con proveedores”

“Soy muy malo con los ordenadores”

“Cuando tengo que aprender algo nuevo, con esfuerzo, lo consigo”

“Se me dan muy bien los idiomas”

“Todos los clientes que nos prueban, se fidelizan”

Toda creencia, por el hecho de que es una realidad interna, nos condiciona a la hora de actuar. En función del  impacto que tienen en nuestro desempeño diario hablamos de dos tipos de creencias: creencias limitantes y creencias potenciadoras.

Creencia limitante: Por ejemplo, si yo creo que “soy malo con los ordenadores”, es posible que intente no utilizarlos, ergo seguiré sin aprender a usarlos mejor, ergo refuerzo mi creencia aún más. Es un pez que se muerde la cola.

Creencia potenciadora: Por ejemplo, si yo creo que “cuando tengo que aprender algo nuevo, con esfuerzo, lo consigo” y me dicen que tengo que aprender a manejar un programa informático nuevo bastante complicado, seguramente dedicaré un esfuerzo grande en horas y predisposición, ergo conseguiré aprender con más facilidad, ergo refuerzo mi creencia potenciadora aun más.

Pero, ¿Cómo podemos eliminar una creencia limitante que no nos guste tener?

Aquí viene lo bueno, las creencias existentes en nuestra mente no se pueden eliminar, sólo se pueden sustituir por otras creencias. Toda la vida hemos y estamos cambiando unas creencias por otras (“Los Reyes Magos existen à Los Reyes Magos son los padres”). No obstante, existen técnicas que nos permiten cuestionar creencias de manera eficaz en el día a día (generar grietas en el muro). Una aplicación clara es con los equipos de trabajo: ¿Imaginas poder hacer que un colaborador deje de pensar que no es bueno en algo y comience a hacerlo más y mejor?

Cómo cuestionar creencias lo veremos en una próxima entrada del blog, pero mientras tanto:

¿Qué creencias limitantes y potenciadoras tienes detectadas en ti?

¿Reconoces alguna creencia que haya cambiado en los últimos tiempos? ¿Qué facilitó ese cambio?

Miguel Ángel Marfil Rubio.

Socio Director de Proyectos en focus inside.