LA METAFORA COMO HERRAMIENTA DE COMUNICACIÓN INFLUYENTE

01/03/2015 adminfocus

“Estábamos atravesando un periodo de muchas dificultades con el equipo y de repente se desató una gran tormenta cuando el consejero delegado decidió abandonar el barco”.

¿Te resulta extraño este lenguaje? La metáfora, definida de manera académica, consiste en el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad estética, o dicho de otra forma, permite la descripción de algo mediante una semejanza por analogía (comparación o relación entre varias razones o conceptos).

Hasta aquí su significado o uso literario, pero también, a lo largo de la historia, las reflexiones en la lingüística y la filosofía condujeron a una nueva manera de entenderla: la metáfora es también un umbral de acceso a la comunicación sensible y, por tanto, permite expresar nuevos significados tanto conceptuales como sensoriales implícitos en las frases descriptivas.

La metáfora tiene un origen en las asociaciones que realizamos de manera involuntaria en nuestro cerebro. Muchas metáforas son de origen social o cultural y, por tanto, las podemos reconocer en frases hechas o expresiones populares (abandonar el barco, dejarse la piel, etc.). Otras metáforas, en cambio, las construimos de manera individual en base a las experiencias y vivencies únicas que hemos tenido a lo largo de toda nuestra vida.

Cuando usamos una metáfora para expresarnos, nuestro cerebro conecta con muchas informaciones conscientes e inconscientes, es decir, en una “simple” comparación o analogía, se destila una cantidad enorme de información que hace referencia a la situación o aspecto que estamos narrando. Nuestros interlocutores, cuando reciben esa metáfora, inician entonces un proceso de interpretación y descodificación de toda la información que puede contener de manera implícita, y para ello acceden a una gran cantidad de información propia, también consciente e inconsciente.

Un dato relevante en este punto es que, según la psicología del desarrollo, cuando somos niños desarrollamos el lenguaje a la vez que empezamos a representar la realidad de manera simbólica (por ejemplo, jugar con una caja cómo si fuera la casa de unos muñecos). Es decir, aprendemos el lenguaje desde lo simbólico (lenguaje primario), mezclando constantemente realidad e invención. A medida que crecemos vamos abandonando lo simbólico y lo sustituimos por lo “literal” (lenguaje secundario), pero en la base de nuestra mente lo simbólico ha sido y seguirá siendo algo fundamental el resto de nuestras vidas.

Cada vez que hacemos uso de ese lenguaje primario o metafórico, tanto el emisor del mensaje como sus interlocutores, se ven obligados a acceder a partes e informaciones fundamentales y primarias de sus mentes, y de algún modo eso les ayuda a comprender de manera más clara y profunda el significado que hay detrás esa analogía. Dicho de otro modo, cuando usamos la metáfora nos estamos comunicando a un nivel mucho más profundo que cuando lo hacemos desde el lenguaje literal.

En comunicación eficaz vemos diferentes aspectos que nos permiten lograr mayor impacto e influencia en nuestros interlocutores (articulación, manejo del tono, silencios, postura corporal, uso de preguntas, y un largo etcétera.), pero no podemos olvidar que en la medida que usemos las metáforas en nuestra comunicación estaremos conectando más profundamente con el otro y generando una mayor comprensión del mensaje.

Una metáfora nos conecta a otros desde lo más profundo, como si fuésemos “vasos comunicantes”. Así que, no lo dudes, ¿Qué metáfora emplearás en tu próxima interacción para ganar en influencia en tu interlocutor o interlocutores”?

Miguel Ángel Marfil.

Socio y Director de Proyectos en focus inside.