LA LLAMADA (REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO Y LIDERAZGO)

18/07/2016 adminfocus

Se trata de algo mágico. Por alguna razón que no alcanzo a racionalizar, de los siete mil millones de personas que habitan el mundo de hoy, un minúsculo colectivo tiene la maravillosa fortuna en su vida de llegar a sentir una conexión especial. Se trata de una energía que, de repente, nos atrae a una temática y a un trabajo concreto. Que responde a nuestra esencia y a nuestros valores. Que crea una sensación de equilibrio entre quien uno es y el granito de arena que ha venido a aportar a la sociedad.

Y por primera vez al expresar este sentimiento, me atrevo a hacerlo en 1ª personas del plural. Sí. Lo hago porque he descubierto que, afortunadamente, hay un colectivo de personas que han sentido esta misma conexión que yo. Ya sea en un momento de su vida o en otro: para cada uno de ellos, “el maestro ha llegado cuando el alumno estaba preparado”. Me estoy refiriendo al conjunto de personas que han decidido dedicar su vida al desarrollo y transformación de personas en el marco de las organizaciones; a las que lo hacen porque han sentido una vocación que les conduce hacia allí; y porque sienten que no hay mejor manera de contribuir en su entorno que haciendo que el día a día de miles de personas en sus puestos de trabajo sea un poco mejor. Cambiando hábitos. Replanteando conductas. Promoviendo la reflexión. Desde la ayuda, la comprensión y la empatía. Proponiendo buenas prácticas de liderazgo. En definitiva, transformando pautas tradicionales que ya no funcionan en nuevas tendencias que revolucionan la manera, el sentido y la actitud con la que los trabajadores se enfrentan a su trabajo.
Sin embargo, está claro que no basta con la formación en conocimientos ni en habilidades. Hace falta algo más. Es necesario ir al interior de la persona y solucionar el problema desde la raíz. Ya decía “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry que “lo ESENCIAL es invisible para los ojos”. Para mí, LO ESENCIAL, que después se traduce en resultados positivos globales para la organización, pasa por responder a algunas preguntas como las siguientes: ¿qué valores orientan en el trabajo que desempeñas en tu puesto en tu día a día? ¿Qué miedos o creencias limitantes estás teniendo que te impiden desplegar tu máximo potencial? ¿Qué harías si no tuvieras estos miedos? ¿Cuál es el propósito al que se enfoca el trabajo que llena la mayor parte de horas de tu vida? ¿Qué aprecian de ti como valioso las personas que trabajan contigo? ¿En qué puedes ponerte un plan de acción para mejorar? ¿Eres consciente y pones atención plena en lo que haces, poniendo en práctica el “AQUÍ Y EL AHORA”? ¿Sabrías detectar qué has hecho en tu vida profesional sólo por reconocimiento exterior?
Se trata de preguntas no fáciles de responder, pues consisten en mirar hacia dentro y “ordenar” esa habitación oscura, nuestro interior, que puede llevar acumulando polvo unos cuantos años.
Sin embargo, la claridad en sus respuestas logra un efecto multiplicador. Cuando uno la tiene, es capaz de lograr un desempeño mucho más productivo y eficiente de las tareas que realiza. Al empezar a “ordenarse” interiormente, a conocerse a sí mismo, uno se siente alineado con quien es y con la dirección en la que rema.

Asistimos, de esta manera, a una revolución. Una revolución basada en el desarrollo personal en los puestos de trabajo de las personas que forman las organizaciones. Yo lo
llamaría la revolución “INVISIBLE”, precisamente por su conexión con la frase citada anteriormente. A priori, alguien podría no apostar por que la solución a los
problemas de su organización esté en este tipo de formación, pues puede parecer una solución poco aplicable en el corto plazo. Es decir, el potencial futuro de mejora en los
resultados tangibles de la organización es, desde una perspectiva “INVISIBLE” para los ojos. Sin embargo, precisamente por esto, en base a la mencionada frase, se trata de algo
ESENCIAL. Conecta a la persona con la esencia de la vida. En parte, se trata de creer en algo que no puedes ver, pero cuyos resultados llegan algo más tarde. Y todos aquellos que se
lanzan a este viaje de adentrarse en su propio desarrollo se convierten en líderes. Líderes de sí mismos.

Acaban el proceso sabiendo quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde caminan. Precisamente por eso, pueden guiar a sus colaboradores en la buena dirección,
pues sólo cuando son líderes de sí mismos pueden liderar a los demás.

María Burrel Arias
Estudiante 3º Doble Grado ESADE ADE y Derecho
Prácticas en focus inside